Secretaría de la Mujer

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LA VIOLENCIA MACHISTA. UN TEMA MENOR

“No me preocupa el grito de los violentos corruptos, de los deshonestos, de los sin ética, lo que más me preocupa es el silencio de los buenos” (Martín Luther King).

 

Desde que comenzaron las sesiones en el Parlamento de Cantabria,  allá por el mes de septiembre, hemos debatido en tres ocasiones sobre la violencia hacia las mujeres. Hemos puesto de manifiesto la cruda realidad de la situación de esta terrible lacra que azota a las mujeres por el simple hecho de ser mujeres; hemos invitado a reflexionar, pero sobre todo a actuar, a realizar acciones, a poner todos los medios económicos y humanos para terminar de una vez por todas con este maltrato que afecta a las mujeres, pero que es un problema social de primera magnitud.

La desigualdad que enfrentan muchas mujeres y las muchas formas de violencia machista que aún persisten de forma oculta, invisibles o toleradas, son un clarísimo ejemplo del largo camino que queda por recorrer como estamos viendo todos los días.

Ya  dijo Soledad Cazorla, que desde su trabajo como fiscal, fue pionera en la lucha contra la violencia machista, que el desprecio a la igualdad constituye la base del maltrato y que es por tanto una enfermedad social injustificable.

 Desgraciadamente,  la violencia machista se sigue justificando.

Me duele decirlo, pero es así y a pesar de vivir en una sociedad que presume de democrática  y avanzada, los hechos lo confirman, porque  la violencia contra las mujeres, se sigue  considerando como un tema menor.

Se podrían poner muchos ejemplos que corroboran esta afirmación. Pero uno muy claro, es el resultado de un informe elaborado por el Ayuntamiento de Málaga y cuyos resultados son alarmantes porque, sobre todo, resalta la pasividad ante el maltrato: la mitad de los encuestados, no intervendría si presenciase que un amigo está maltratando a su pareja.

Insisto se sigue considerando un tema menor  a pesar de que es una clara violación de los Derechos Humanos, a pesar de que la Organización Mundial de la Salud haya alertado que la violencia machista es un problema de salud global y que tiene proporciones epidémicas, a pesar de que en el último informe de la fiscalía de Cantabria afirme y denuncie que se ha convertido en un problema social crónico,  que no es un problema puntual de las familias, que es un problema de toda la sociedad.

A pesar de las Leyes integrales, a pesar de que parece, que la sociedad está concienciada, la realidad nos dice, que todavía  hay una cierta impunidad hacia los maltratadores.

A pesar de todo, de todas las declaraciones, manifestaciones, concentraciones. La violencia machista lejos de remitir, está  atacando de manera brutal a las mujeres.

Algo que me preocupa y mucho en este sentido son los más jóvenes. Es increíble  lo que se está retrocediendo y es realmente alarmante.

No puede ser que la violencia machista esté repuntando entre las personas más jóvenes; no puede ser que uno de cada tres jóvenes crea que es inevitable, como revela el Estudio de la Percepción Social de la violencia machista entre jóvenes y adolescentes realizada este mismo año.

Las mujeres asesinadas, que no muertas, son la cara más terrible porque es la punta del iceberg  de un maltrato continuado que sufren muchas. Muchas tienen tal miedo, tal terror, que no se atreven a denunciar y otras tantas, cuando lo hacen, son muchos los casos en los que desisten y retiran la denuncia, o se niegan a declarar, por Miedo, así de claro. Porque el miedo les mantiene atenazadas, el miedo y el no saber qué pasa después. Porque la verdad es que algo que no logro entender es, como una mujer que está siendo maltratada, la víctima, es la que tiene que salir de su casa, la que tiene que huir, en muchos casos con sus hijos e hijas, abandonar todo porque su vida corre peligro y es el maltratador el que parece que permanece impune.

Está claro que la violencia contra las mujeres es un problema de primera magnitud. Un problema que nos concierne a todos, por lo que merece toda la atención desde todos los ámbitos, nacional, regional y local; desde el ámbito educativo, sanitario, judicial y medios de comunicación. En definitiva de toda la sociedad, porque estos asesinatos se pueden calificar de acciones terroristas y así deben tratarse.

Nadie, y cuando digo nadie es nadie, debe permanecer impasible ante esta atrocidad, ante este terrorismo que se está cometiendo contra las mujeres y para abordar la violencia machista no podemos quedarnos en medias tintas, no podemos quedarnos en una mera declaración de intenciones.

Es imprescindible tener presente que el sistema que sostiene y legitima el uso de este tipo de violencia es estructural y constituye el mayor obstáculo para la autonomía y libertad de las mujeres, por lo que debe  ser una prioridad en la agenda de todas las Administraciones. Se hace urgente realizar lo que se podría denominar un Pacto de Estado.

Es necesario afrontar este gravísimo problema,  con responsabilidad,  con firmeza y con rigor y para ello es imprescindible que  se profundice en la educación, desde la base y en la sensibilización, porque es fundamental   cambiar Mentalidades.

Como es  fundamental realizar una evaluación de las medidas que se están tomando para corregir aquello que no funciona y, por supuesto, imprescindible, proteger a las víctimas, porque para poder salir del horror en el que viven, necesitan tener confianza de que el maltrato tiene castigo, que no permanece impune, y necesitan saber, que no hay ni un ápice de permisividad con los maltratadores.  Necesitan saber, que pueden confiar porque no solamente la Ley, sino porque toda la sociedad las ampara.

No podemos permanecer en silencio porque ese silencio nos convierte en cómplices.

Matilde Ruiz

Diputada del Partido Regionalista de Cantabria

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